sábado, 2 de noviembre de 2013

Cementerio de La Recoleta: historias y leyendas

Un poquito de historia…

Las tierras en las cuales se encuentra el Cementerio de la Recoleta fueron cedidas por Don Juan de Garay (fundador de Buenos Aires) a un lugarteniente suyo, Don Rodrigo Ortiz de Zárate , en el año 1583.

Muchos años después, se transformó en el primer cementerio público, que se inauguró el 17 de Noviembre de 1822.

Aquí descansan los restos de numerosos personajes históricos, pero lo que realmente lo hace interesante son las historias que se cuentan sobre quienes allí tienen su última morada.

Los hechos pretéritos verídicos conviven de igual a igual con el desenfado de un sinfín de mitos, fantasmas y leyendas alucinantes. Una especie de irreverencia al silencio de los muertos; un eco insistente que ni las cenizas ni el tiempo han podido acallar. Y que retumba entre callecitas y diagonales estrechas, trajinadas por turistas extranjeros y por la banda más numerosa de gatos de la ciudad.

Este cementerio es uno de los más importantes del mundo, siendo considerado un museo al aire libre. Las bóvedas embellecidas por esculturas y vitrales, cautivan al visitante. Sin embargo, podemos descubrir que el paso del tiempo dejó al descubierto a algunos seres que ya nadie visita.

Algunas bóvedas están en gran estado de abandono, debido a que ya no existen sus deudos ni nadie que las cuide, las cuales no pueden demolerse porque los sepulcros son a perpetuidad.

Fantasmas

Bóvedas emblemáticas con historias que merecen la pena conocer...

La bóveda más visitada

La bóveda de la familia Duarte es la más visitada, ya que su personaje despierta la curiosidad de acudir al lugar donde finalmente después de algunos años de fallecida y de haber deambulado su cadáver por diferentes lugares logró el descanso eterno. En la puerta de acceso siempre hay ofrendas florales y cartas de todos aquellos que la admiraron.
cementerio

Un enojo que perdura en el tiempo

Salvador María del Carril (vicepresidente del Gral. Urquiza) hombre bastante duro tanto en cuestiones políticas como en la vida conyugal. Por medio de una carta pública que mando a los diarios, comunicó a los acreedores de su mujer que no pensaba hacerse cargo de sus deudas. Su esposa (Tiburcia Domínguez) decidió no volver a hablarle. Durante 21 años convivieron de esa manera. Cuando murió, ella construyó uno de los monumentos “más formidables” del predio. Del Carril está sentado mirando hacia el sur. 

15 después, como última voluntad, ella pidió que su busto fuera colocado de espaldas a él. Una muestra en mármol de cómo había sido la vida en común. El enojo fue tan grande, que ella solicitó que el día en que falleciera, su escultura se ubicara en la posición en que se encuentra, donde se los ve dándose la espalda porque seguiría enojada con él, aún después de la muerte. 
recoleta

La dama de blanco

Luz María García Velloso hija del dramaturgo Enrique García Velloso, tenía 15 años cuando murió de leucemia en 1925. 

Su madre, deprimida después de la muerte de la hija, obtuvo permiso especial para permanecer junto a esta tumba por las noches. Su bóveda se encuentra a la derecha de la avenida principal de la Recoleta. Allí hay una estatua yacente de una criatura muy hermosa, muerta en su lecho. 

La madre, desesperada, durmió durante meses a los pies de la imagen, en un pequeño espacio detrás de las rejas. 

A Luz María se le atribuye la leyenda urbana más popular "la Dama de Blanco": un joven se encuentra con una bella chica, la lleva a bailar, ella siente frío, él le presta su saco. Al día siguiente, cuando el joven quiere recuperar su saco en casa de la chica, la madre le comunica que está muerta, enterrada en la Recoleta. El joven va al cementerio y encuentra su saco sobre la bóveda.
Fantasmas



La joven que murió dos veces

Dentro de la Recoleta, se alza una escultura que inmortaliza a la joven Rufina Cambaceres, hija del escritor Eugenio Cambaceres, a quien la alta sociedad repudió por haberse casado con una bailarina italiana, Luisa Baccichi. El matrimonio tuvo una única hija y cuando Cambaceres murió, Luisa y la joven Rufina quedaron solas. El 31 de mayo de 1902 Rufina cumplía 19 años, su madre había organizado una gran fiesta. Cuando finalizó el festejo, Luisa escuchó el alarido aterrador de una de las mucamas, corrió a la habitación de Rufina y la encontró muerta tendida en el suelo. Un médico confirmó que había sido un síncope. Al día siguiente, la sepultaron en la Recoleta. Poco después, el cuidador de la bóveda de los Cambaceres, avisó el macabro hallazgo del ataúd de Rufina abierto y con la tapa rota. La versión oficial sugirió un robo, ya que la niña había sido enterrada con sus mejores joyas; pero Luisa vivió el resto de su vida torturada por la convicción de que su hija había sufrido un ataque de catalepsia y fue sepultada viva. Pues la leyenda cuenta que arañando, golpeando las paredes del féretro, logró salir y ver el cementerio desierto. Pero las puertas de la bóveda estaban cerradas. Entonces, víctima de la desesperación, volvió a morir realmente de un ataque al corazón...Por eso, una lánguida estatua la representa con una mano aferrada a la reja de la bóveda, como tratando de abrir inútilmente el picaporte de una puerta.
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